viernes, 11 de junio de 2010

EL METODO CIENTIFICO: ¿UN CAMPO INACABADO?




En todos los niveles de la enseñanza nos esforzamos por alimentar la mente de los estudiantes con datos y hechos que poco espacio permiten para la reflexión y el análisis. Luego, en los exámenes se demanda de ellos la misma información, obligándolos a repetirla lo más fiel posible en un proceso intelectual pobre, ayuno de creatividad.

De esta suerte, el conocimiento no enriquece la personalidad, ni genera los hombres auténticos y originales que busca toda sociedad en pro del progreso.

La enseñanza se vuelve entonces de tipo memorista, teorizante y estereotipada. Es decir, hacemos del acto de la transmisión del saber científico un fin en sí mismo, y no un medio, como debe ser, para enseñar a pensar. Olvidamos que en última instancia la educación procura la formación integral de la persona. Le damos importancia a los hechos escuetos y aislados (el qué); nos preocupamos menos por las manifestaciones y comportamientos de los fenómenos (el cómo), y soslayamos las explicaciones y razones de las cosas (el por qué). Tal como lo manifestara Foucault, el proceso racional del pensamiento lejos de buscar una comodidad intelectual, debería constituirse en un constante generador de problemas, inquietud y malestar (en el sentido progresista del término).

Por otro lado, el divorcio que existe entre la información que se da de los diversos temas de varias disciplinas, va creando en el estudiante un encasillamiento mental que le impide no sólo correlacionar cosas sino, además, analizarlas en profundidad y establecer conceptos globales de los fenómenos abordados. La visión panorámica y conceptual está siempre ausente en aras del detalle aislado o del dato memorizado. Esta capacidad de correlacionar hechos continuos se manifiesta en el estudiante a través de los años y le dificulta los procesos mentales de deducción que constituyen un eje importante en el proceso de la investigación científica hacia la búsqueda de nuevas verdades y conocimientos.

En síntesis, el mensaje científico que se dirige al estudiante, especialmente en sus primeros ciclos, tiende a ilustrarle o informarle sobre hechos científicos que no parecen pertenecernos, y en ningún momento toma en cuenta que algunos de aquellos estudiantes podrían tener una fuerte vocación para la ciencia y estar llamados a ser los futuros científicos. Es decir, no se les estimula a ser participes activos del proceso de revolución científica del siglo XXI, sino que, por el contrario, en forma apriorística pareciera que se les está excluyendo, desde ese momento, del aludido proceso. Para rematar las funestas consecuencias del sistema, nuestra enseñanza lleva un sello fundamental de autoridad: la del maestro quien en no pocos casos, acaba de enajenar la mente del estudiante, borrando todas sus iniciativas e inquietudes y convirtiéndolo en un receptor pasivo de la información. Al acostumbrar al estudiante a aceptar las cosas sin analizarlas crítica y objetivamente y sin cuestionarlas racionalmente, se está yendo nada menos que en contra del método científico.

Afortunadamente no consideramos este proceso como de naturaleza totalmente irreversible y en el momento en el que el estudiante o futuro científico, en algunas etapas de su vida y por tiempo prolongado, encuentre un verdadero maestro que lo induzca a la reflexión crítica y a pensar objetivamente, y que lo inicie en los caminos del razonamiento científico y del autodidactismo, muchos de sus vicios pueden enderezarse. Pero, nos preguntamos ¿cuántas mentes científicas capaces, se pierden a diario en Latinoamérica por no llegar a presentárseles esa oportunidad en ninguna de las etapas de nuestro sistema educativo?

Algunas de las consecuencias de este tipo de enseñanza han quedado ya esbozadas en las líneas anteriores.

Sin embargo se trata ahora de referir con mayor amplitud a varias de ellas. La sumisión intelectual y la dependencia científica son los productos más graves de un sistema de enseñanza mal encaminado. Al evitar que los hechos científicos se racionalicen (y por extensión muchos otros hechos de la vida cotidiana) se cae fácilmente en el dogmatismo y fanatismo que obnubilan la mente de las personas, con consecuencias poco deseables reflejadas en todos los actos humanos.

Al exagerar un poco las cualidades de los científicos extranjeros y de las facilidades que se dicen tienen, y al mismo tiempo presentar los grandes adelantos de la ciencia y sus descubrimientos como fenómenos exóticos, se crea de antemano un sentimiento de frustración y de deslumbramiento en el ánimo del estudiante, a todas luces muy inconveniente. Por otro lado, al no precisar los problemas en su verdadera dimensión, y al no plantearlos por los mecanismos analíticos dentro del método científico, no se llega a comprender debidamente.

Todavía más grave es el tipo de aprehensión del conocimiento que pretendemos hacer muchas veces, principalmente a nivel de especialidades post-universitarias. Mandamos a especializarse a personas que no tienen el concepto de la profundidad del conocimiento científico, ni dominan los principios de los fenómenos, ni tienen la actitud del investigador, para que luego vengan a ocuparse de problemas determinados. Al principio esto genera en el individuo la falsa satisfacción de ser el único o uno de los pocos que en el país poseen un cierto número de conocimientos. Pero a la larga el proceso lleva a cambios de frustraciones de diversa índole, conforme se experimentan las limitaciones que ese tipo de conocimientos da, gracias al fuerte componente pasivo que encierra. Otra de las serias consecuencias que se producen es una deformación o desplazamiento de la escala de valores científicos, lo que hacen que se pierdan los conceptos de los valores absolutos de las cosas, y se sobre valoren ciertos hechos.

Así por ejemplo, se da importancia a cosas que no la tienen, se sobre estima el valor de trabajos poco relevantes o se llevan a cabo aquellas tareas originadas en métodos pseudocientíficos. Así mismo, se tiende a ser repetitivo, a duplicar, o a imitar estudios de autores extranjeros, y se renuncia a lo autóctono y a lo original, que son los verdaderos factores básicos en la configuración del perfil de cualquier pueblo o país.

El desarrollo de la metodología de la investigación enseña a aprender, estimulando el análisis crítico de la realidad, siendo además una importante herramienta que invita a inmiscuirse en procesos reflexivos y autoreflexivos que conducirán a pensar y pensarse problemáticamente en relación con el otro y/o con lo otro. Enseña a no aceptar los conocimientos adquiridos de la docencia o de la lectura sin analizar y discutir; reforzando nuestra propia infraestructura de conocimientos, capacidad de análisis y de síntesis.

Por ello, la investigación no tiene como único objetivo la generación de conocimiento, sino que, al mismo tiempo, es un medio para mejorar la calidad de la enseñanza y un avance en generar nuevos conocimientos. La investigación, más que nada, debería permanecer en un constante estado de pensarse a sí misma. Una sociedad que no investiga es una sociedad que no avanza en sus procesos progresivos hacia algo distinto de lo que es, de allí la importancia de la investigación y, por ende, del método científico que la caracteriza.

La participación en actividades de investigación es efectiva para que el futuro profesional pueda plantearse interrogantes y desarrollar estrategias para resolver situaciones nuevas, no previstas dentro de los esquemas en que se vuelcan los contenidos antiguos y repetitivos de planes y programas obsoletos sin construcción critica para resolver problemas o hechos que nos circundan.
.
Hacer congruentes la teoría y la práctica hace parte del quehacer del investigador; la teoría sin la práctica es vacía y la práctica sin la teoría es ciega. Por estas razones es importante definir claramente una buena metodología que guie con éxito lo que plantea la investigación. Los procesos de investigación se inician desde el comienzo mismo de la vida del ser humano y se van desarrollando con mayor profundidad en las siguientes etapas; sin embargo, con el transcurrir del tiempo, el entorno social produce o genera lineamientos y encasillamientos de derroteros definidos que se nos van imponiendo sin permitir la curiosidad, la creatividad, la observación y la explotación propias que el ser humano por naturaleza posee, es decir, el don innato de la investigación.

El campo del conocimiento es tan amplio como lo es la vida misma; por eso se hace necesario adoptar campos específicos para explorar con mayor detenimiento y profundidad. No hay nada que cause mayor satisfacción en el ser humano que el sentirse “descubridor “aunque al final ocurra la famosa frase de Gabriel García Márquez “NO HAY NADA MAS CENIZO QUE INVENTAR LO YA INVENTADO”.

Es importante tener idea de la metodología de la investigación, dominarla y practicarla para acercarse de manera más ordenada y segura hacia el nuevo conocimiento producto de cualquier investigación.

La palabra investigación proviene de las voces latinas in-vestigium-ire, que significa ir tras la pista, y que puede ser explicada como una forma de mostrar la realidad para indagarla, cuestionarla o interpretarla. En la práctica, la investigación se concibe como un camino para conocer la realidad a través de un método o procedimiento reflexivo, sistemático, controlado y crítico, que permite la interpretación de los hechos y fenómenos, el establecimiento de las relaciones, la aplicación de las leyes, el planteamiento de los problemas, la búsqueda de soluciones, y la creación de las condiciones para los cambios y transformaciones.

La investigación es entendida como una actividad que tiene como finalidad la búsqueda y consolidación del saber y la aplicación de los conocimientos para el enriquecimiento del acerbo cultural y científico, así como la producción de tecnología al servicio del desarrollo integral del país, pero fundamentalmente dirigidos hacia un objeto practico especifico.

La investigación ayuda a mejorar el estudio porque permite establecer contacto con la realidad a fin de que la conozcamos mejor, la finalidad de esta radica en formular nuevas teorías o modificar las existentes, en incrementar los conocimientos; es el modo de llegar a elaborar teorías.

La actividad investigadora se conduce eficazmente mediante una serie de elementos que hacen accesible el objeto al conocimiento y de cuya sabia elección y aplicación va a depender en gran medida el éxito del trabajo investigador.

1 comentario:

Anónimo dijo...

excelente blog profesor me sirvio mucho. lo saluda Martha, una de sus estudiantes de la especialización UDES Bucaramanga 7