jueves, 8 de junio de 2017

POR UNA EDUCACIÓN ESENCIAL Y DINÁMICA




Manuel galán amador
Fran Wilson Bautista  Arias   

En todos los niveles de la enseñanza nos esforzamos por alimentar la mente de los estudiantes con datos y hechos que poca oportunidad dejan para meditar sobre los mismos. Luego, en los exámenes se demanda de ellos la misma información, obligándolos a repetirla, lo más fiel posible, en un proceso intelectual pobre, ayuno de creatividad.
De esta suerte, el conocimiento no enriquece la personalidad, ni genera los hombres auténticos y originales.
La educación y la  enseñanza se vuelven entonces de tipo memorista, teorizante y estereotipada. Es decir, hacemos del acto de la transmisión del saber científico un fin en sí mismo, y no un medio, como debe ser, para enseñar a pensar.
Olvidamos que, en última instancia, la educación procura la formación integral de la persona. Le damos importancia a los hechos escuetos y aislados (que); nos preocupamos menos por la manifestaciones y comportamientos de los fenómenos (como), y soslayamos las explicaciones y razones de las cosas (por qué).
De esta manera  se debe soñar con una educación que sea libre, que sea un derecho, y al gozar de ese derecho, invite y garantice asumir deberes y responsabilidades. Que sea un premio y no un castigo.  Que motive desde el inicio, durante el desarrollo y hasta el fin del proceso, que se sientan las ganas de elegirla, de realizarla, de sentirla, de vivirla, de aprovecharla y aplicarla al servicio de la comunidad.
Cada año o período académico se motivará a realizar una actividad-labor de trabajo social, ya sea al interior o al exterior de la Institución educativa. Se debe cultivar el desarrollo de las capacidades y competencias deportivas, artísticas y culturales; profundizando mínimo en un área, pero trabajando todas.
Si en sus momentos fueron significativas las frases como “estudiar para ser alguien en la vida”, “estudiar para que no tenga que fregarse en la vida” o “estudie algo que le dé plata”, en estos momentos hemos de reconsiderarlas y recalcar en aspectos como:
-       Somos alguien en la vida desde que nacemos, incluso antes. Por tanto, no se debe estudiar para ser alguien en la vida, ya lo somos. Si una persona no accede a la Educación por intermedio de una Institución Educativa, no deja de ser alguien en la vida, más aún, puede realizar un proceso formativo fuera de las mismas.
La educación, la educación de calidad, aporta para que cada cual emplee y adquiera herramientas para seguir construyendo su proyecto de vida.

-       Estudiar requiere esfuerzo, sacrificios, no siempre es un camino de rosas, en ocasiones se sufre en el proceso. Entonces, se estudia o se debe estudiar no para “no fregarse en la vida”, sino más bien, para tener la oportunidad de hacer algo por lo cual disfrutar, y entregar o dar la vida.

-       Finalmente, no se estudia, o no se debería estudiar para adquirir dinero u obtener riquezas materiales, no es el fin último. Estudiar para realizarme como ser humano junto con otros, estudiar para poder dar, poder recibir, compartir, para SERVIR y construir comunidad, construir una sociedad con oportunidades y espacios para todas y todos.


Para lograrlo se requiere además de un compromiso de los diferentes actores que intervienen, de algunos elementos esenciales con capacidad de correlacionar hechos continuos que se manifiestan en el estudiante a través de los años, y cuya ausencia le dificulta los procesos mentales de deducción, de gran importancia en el proceso del aprendizaje hacia la búsqueda de nuevas verdades y conocimientos. En síntesis, el mensaje que se dirige al estudiante, especialmente en sus primeros ciclos, tiende a ilustrarle o informarle sobre hechos científicos que no parecen pertenecernos, y en ningún momento toma en cuenta que algunos de aquellos estudiantes podrían tener una fuerte vocación para desarrollar y aplicar la ciencia en cualquier disciplina no solo para beneficio propio, sino en beneficio de la sociedad.

No hay comentarios: